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miércoles, 12 de octubre de 2011

Casarse en la tercera edad

A raíz de la boda de la Duquesa de Alba la semana pasada, en varios medios de comunicación se ha abierto el debate de las bodas de personas con 70 o más años. Entiendo que es un debate que se debe abordar desde varios puntos de vista: edades parejas, entendimiento de la pareja, similitud de niveles culturales y sociales, acomplamiento sexual, comunicación bien realizada a los familiares...Y otros muchos más conceptos que podrían ser considerados necesarios para evaluar dicho fenómeno social que irá en aumento debido a la mejora de las condiciones de salud y el alargamiento de la vida en ciertos sectores sociales.

Creo que de todos los motivos expresados hay dos que son especialmente determinantes en estos casos: las edades parejas y la comunicación bien realizada a los familiares.

Respecto a las edades parejas, socialmente, puede entenderse que dos personas mayores y que, por los motivos que sea, se encuentran solas quieran unirse como pareja para compartir los que seguramente sean los últimos años de su vida. Como en el caso de la Duquesa, aquí pueden entrar en juego factores como una eventual herencia de importante cuantía (ya sea en patrimonio inmobiliario o mobiliario) o, en casos de menor "postín", la necesidad de seguir cobrando una pensión de viudedad. En el mismo aspecto, es necesario hacer una mención a la diferencia de edad. Cuando la pareja está formada por un hombre mayor y una mujer joven, la sociedad lo acepta sin más, como se suele decir "está bien visto" o "quedan bien" y cuanto mayor es la diferencia "mejor". Sin embargo, cuando la que es mayor es la mujer y el hombre es joven, se suelen alegar una serie de objecciones ajenas al conocimiento real de la situación de la pareja y se produce la situación contraria: cuanto mayor es la diferencia de edad "peor".

En cuanto a la comunicación a los familiares, decir que obviamente esta información debe ser facilitada en primer lugar a los hijos, sin esperar a que se decida iniciar una convivencia en común, sino en el momento en el que la relación parezca consolidarse. Cada caso es absolutamente diferente, pero es recomendable que cada miembro de la pareja lo comunique individualmente a sus respectivos descendientes, para que se puedan hacer todas las preguntas que se crean oportunas sin que nadie se sienta incómodo.

En otro orden de cosas, también cabe destacar la posibilidad, más que interesante, de no sólo "repartir" la herencia entre los hijos, como hizo la Duquesa de Alba, sino también de realizar unos pactos en previsión de la ruptura y si se desea unas capitulaciones matrimoniales, para poder establecer las consecuencias de la disolución del matrimonio.

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